Garromelo, la leyenda del águila de plata

Para ser un águila a la niña no le parecía ni muy grande ni muy fiero. Sus ojos eran dulces, su pelaje suave como el terciopelo, y lo más extraño de todo, pensaba para sí la niña, sus garras en vez de rudas y duras como las de otras águilas, eran frágiles y de un color amarillo claro transparente como el caramelo. Así que al poco tiempo su nuevo amigo quedó bautizado como Garromelo.

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